Juan Ignacio De Arcos

Tocando a las puertas de la inmortalidad

La tribuna

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Tocando a las puertas de la inmortalidad

03 de abril 2025 - 03:04

El espejismo de la inmortalidad ha ejercido una poderosa atracción en la humanidad. La literatura, la cinematografía y la música la han abordado con insistencia. Para la mayoría, se trata de una respuesta ante un suceso tan incómodo como la muerte y, analizado en detalle, es posible que únicamente sea aversión a no poder controlar el momento justo de esta, que llega, según el filósofo inglés Bernard Williams, “demasiado pronto o demasiado tarde”.

Es interesante ver el entusiasmo que manifiesta la élite multimillonaria de Silicon Valley en alargar la vida. Larry Page (Google), Jeff Bezos (Amazon), Sam Altman (OpenAI), Zuckerberg (Meta), Larry Ellison (Oracle) o Peter Thiel (con la firme idea de criogenizarse cuando muera, por si acaso algún día puede ser revivido biológica o digitalmente, que fue cofundador de Paypal junto a Elon Musk, y ahora ambos mano derecha de Trump) son tan sólo algunos de los que han invertido cantidades millonarias en startups que investigan la extensión de la existencia, a ser posible indefinidamente. Aparte del interés personal que puedan tener estos señores, en Silicon Valley se respira la idea de que la tecnología es capaz de resolver problemas fundamentales de la vida biológica… sin olvidar que este mercado puede ofrecer lucrativos retornos económicos.

Pero, ¿hacia dónde se dirigen estas investigaciones? Una línea muy prometedora es la medicina regenerativa basada en los descubrimientos del nobel Shinya Yamanaka. Consiste en la reprogramación celular para devolverlas al estado de célula madre embrionaria, capaz de dividirse y desarrollarse en alguna de las 200 formas existentes en el cuerpo humano. Este método minimiza el riesgo a rechazo en el paciente y, sobre todo, evita el espinoso dilema ético del uso de las células madre nativas. Es alentador saber que en la naturaleza hay una especie de medusa que practica la regeneración. Se trata de la Turritopsis dohrnii, cuyas células adultas son capaces de transformarse en células más jóvenes, “reiniciando” su ciclo de vida.

Las terapias génicas, por otra parte, utilizan genes para tratar problemas genéticos específicos, como el Alzheimer y, por extensión, la demencia. La estricta regulación en USA y la UE convierte Sudamérica en el paraíso para estas exorbitantes terapias. BioViva fue la primera en utilizar esta técnica, aunque no de forma transparente. Sostiene que el deterioro fisiológico es simplemente un problema de ingeniería y que, a partir de 75.000 dólares, se puede empezar a hablar de posibles tratamientos. Sin garantías ni reembolsos. Su CEO, Liz Parrish, que se sometió a uno en 2016, afirma haber rejuvenecido 20 años y no parece irle mal, física y económicamente. Cuando el envejecimiento se trata como una enfermedad la gente está dispuesta a creer en cualquier terapia, aunque a veces se sitúe en los márgenes de la medicina.

Una estrategia menos agresiva es la de Bryan Johnson, fundador de la biotecnológica Blueprint, de 46 años, que dice haber rejuvenecido 5 años. ¿Su secreto? Se levanta todos los días a las 4:53 am, toma 130 pastillas de suplementos, entre ellos licopeno, metformina, cúrcuma y zinc, siendo su última ingesta la cena, que realiza a las 11:00… de la mañana. Hay quienes prefieren envejecer desayunando un buen chocolate con churros.

A efectos prácticos, un fármaco que ya se está explorando es la rapamicina, utilizado para evitar rechazos en los trasplantes de órganos pero que en ratones, gusanos y moscas podría extender su vida un 30% así como retrasar otras enfermedades. ¿Funcionaría igual en los humanos? Aún es pronto para responder, ya que se ignoran posibles “daños colaterales”, como el cáncer. Al menos, ya hay identificados una serie de biomarcadores que permiten cifrar la edad biológica de la persona con precisión, aspecto clave para poder medir si las pruebas de laboratorio retardan o aceleran el envejecimiento.

La omnipresente IA también está ayudando a sintetizar compuestos susceptibles de aumentar la supervivencia. El inventor y futurista Ray Kurzweil, en su último libro La Singularidad está más cerca, defiende el uso masivo de nanobots, robots a nivel molecular, que repararían células y órganos, gestionando los propios genes y previniendo o revirtiendo la acumulación de errores de transcripción en el ADN. También neutralizarían amenazas en nuestro cuerpo, destruyendo bacterias y virus, limpiando arterias, etc. Maravilla a la vuelta de la esquina, en el 2040.

Los ensayos apuntan a que la vejez es una degradación inevitable pero también un proceso biológico con componentes y controles genéticos que podrían ser hackeados. No es inmortalidad, pero como poco, puede reducir la incidencia de enfermedades relacionadas con la senescencia, como el Alzheimer o el cáncer. Aunque, seguramente, aspectos que están en el ámbito de nuestro control como el hogar, los amigos, la cultura, la alimentación, la educación o la atención médica sean más determinantes que lo que quieran hacer los genes de cada uno. Quizá todo sea tan sencillo como el consejo de la experta en genómica Catherine Ball: “No fumes y no vayas a la guerra”.

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