Hacia la cruz

Se acerca la Semana de Pasión. Llenos están los templos de tantos cultos cofrades. Única es la forma de la cruz, la lleve a cuestas, o esté crucificado. Sin embargo, teólogos y científicos se han preguntado de qué madera eran el estipe y el patibulum en aquel momento. Y la forma de la cruz. Beda el Venerable, definió la cruz como forma compuesta de cuatro árboles. El títulus de madera de boj. El stipe o palo vertical de ciprés, el patíbulum o travesaño horizontal, de cedro, y por encima del títulus, de pino. Justo Lipsio se atrevió a definir todo el árbol de roble. También se ha afirmado que fue de acacia o de cedro. Séneca describe las crucifixiones, tantas como se originaban en las persecuciones de esta manera:

"Veo cruces en ese lugar -escribe Séneca- no todas del mismo tipo (non unius quidem generis), sino construidas de distintas maneras por unos y otros: hay quienes cuelgan a sus víctimas cabeza abajo (capite quidam conversos in terram suspendere), otros las empalan (alii per obscena stipitem egerunt), otros extienden los brazos sobre el patíbulo (alii brachia patibulo explicuerunt)"

Pero en Jerusalén se recuperaron muy pocas evidencias: los dos clavos con restos de madera y hueso que creen que vienen de la tumba de Caifás así como el talón clavado de la ejecución de Jehohanan que fue crucificado con los brazos estirados y sus antebrazos clavados sobre una Cruz latina de dos vigas y más tarde rebatido por otros estudiosos, nadie, científicamente se ha puesto de acuerdo sobre la cruz real y verdadera y si ni siquiera fue cruz para la ejecución del Redentor.

¿Y el crucificado? ¿Qué aspecto tenía? Existe una tradición que afirma lo siguiente: Que San Lucas, discípulo de San Pedro, habría escuchado de labios de la propia Virgen María el relato de la vida de Jesús, y pudo obtener de ella una descripción física y pintar un primer retrato, que es de donde procede toda la iconografía bizantina del rostro de Cristo, pues los artistas bizantinos se basaron en ese primer retrato para sus posteriores representaciones. Otra tradición nace de dos famosísimas reliquias del propio Jesús: el velo de la verónica y el de la Sábana Santa. Ambas reliquias tienen una historia larga y accidentada con numerosas polémicas en curso y están envueltas en muchos misterios (cómo se imprimió la imagen, su antigüedad, su procedencia). Pero lo extraordinariamente sorprendente es que se superponen casi perfectamente, y que revelan un único rostro, y que no por casualidad es exactamente igual al de la iconografía bizantina.

Pronto estarán en la calle los tambores rufando, las cornetas elevando el sonido como ante los muros de Jericó, las túnicas, los colores, las marchas, la flor de sal del azahar, las advocaciones, tomarán las calles entre el fervor y el espectáculo, si lo permite la lluvia. Y una cruz latina paseará su cuerpo por las calles, donde la fe, que es intensa y va por libre, seguirá su dolor.

stats