Descubren un nuevo tesoro en Pompeya: un fresco a tamaño real del dios Dioniso y su séquito de cazadoras
Lo han encontrado en un salón para banquetes excavado en las ruinas de la ciudad.
Los expertos lo han datado entre los años 40 y 30 a.C.
Los Reyes contemplan junto a Annie Leibovitz sus retratos
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Nápoles/Las ruinas de Pompeya, la ciudad romana sepultada hace dos mil años por la erupción del Vesubio, ha desvelado un nuevo tesoro: un gran fresco que representa a Dioniso, el dios del vino, y a su séquito de bailarinas, cazadoras y sátiros.
Se trata de una "megalografía", una pintura grande, de tamaño casi humano, que ha sido encontrada en el friso de un salón para banquetes excavado en estas semanas en este yacimiento. El mural muestra a Dioniso -Baco, en la mitología romana- seguido por sus bacantes y ménades, las mujeres y musas que se zambullían en su culto en sus festines y rituales, representadas como bailarinas y cazadoras feroces.
Los arqueólogos de Pompeya han bautizado esta nueva estancia como la Casa del Tíaso, es decir, la comitiva que se entregaba a los efectos del dios del vino en orgías y bacanales nocturnas.
En el séquito del dios del frenesí aparece pintada una cabra degollada, jóvenes sátiros con orejas puntiagudas que tocan la flauta, otro que cumple el sacrificio del vino, la libación del vino en honor de la deidad, así como una mujer que, acompañada de un sacerdote, se inicia en estos rituales nocturnos.
El friso ha sido datado al siglo I a.C, entre los años 40 o 30 a.C, aunque quedaron sepultados por la violenta erupción del Vesubio, como el resto de esta próspera ciudad romana a orillas del Golfo de Nápoles (sur).
Pompeya cuenta con infinidad de frescos en las casas que se han ido excavando de entre la ceniza y la tierra pero este es un caso raro de mural gigante, de "megalografía", la segunda junto con otro fresco encontrado en la conocida como Casa de los Misterios.
La representación aporta otro punto de vista a los rituales iniciáticos del culto dionisiaco: la caza, que es evocada no solo por las bacantes cazadoras, sino también por otro pequeño fresco en su parte superior en el que aparecen animales vivos y muertos. Las batidas de caza de los seguidores del dios Dioniso, ya contadas por Eurípides en la famosa tragedia de las Bacantes en el 405 a.C, devino en los siglos posteriores en metáfora de una vida desenfrenada, explicó el director de Pompeya, Gabriel Zuchtriel,
El mito representaba en la Antigüedad el "lado salvaje e indomable" de las mujeres, que abandonaban sus hogares, saliendo de la órbita masculina, para adentrarse en los misterios de Dioniso y abrazar una vida en los bosques y montañas. El ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli, ha celebrado este "documento histórico excepcional" porque revela "un aspecto de la vida de la época clásica mediterránea en gran parte desconocida".
Y aseguró que el Gobierno seguirá apoyando financieramente las excavaciones en Pompeya, un yacimiento que en el pasado año recibió más de cuatro millones de visitas.
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