Pippi Calzaslargas cumple 80 años y en España apareció cuando la dictadura agonizaba

La serie se estrenó en 1974 cuando el franquismo se endureció en lo político mientras la sociedad española se iba desligando de aquel régimen anacrónico. Pippi representaba la rebeldía

Mediaslargas se convirtió en Pippi Calzaslargas por la censura

Pippi y las niñas que espabilaron

Pippi y sus amigos Tommy y Anika
Pippi y sus amigos Tommy y Anika
Francisco Andrés Gallardo - Jefe de sección de Vitally

03 de abril 2025 - 12:46

DeDe lo más moderno que había realmente en aquel régimen que agonizaba y se descomponía aplicando mano dura era la televisión. Ventana y vía de escape en contadas horas para una sociedad que iba por delante de la política. Y mucho más por delante, bastantes contenidos de RTVE (aunque no precisamente los informativos). En noviembre de 1974 una chica sueca irrumpió en las pantallas cuando se vivían los intensos coletazos de una dictadura que se desmoronaba. En ese momentos la sobremesa de los sábados no era para esa parcela infantil donde se asentaron tanta series (Heidi, Marco, Mazinger Z, Don Quijote, Dartacán...). Pippi fue la primera.

La censura en TVE había transformado el apellido original de esta intrusa nórdica, "la niña más fuerte del mundo", de "Mediaslargas" (como se publicó su primera edición en España en 1962) en "Calzaslargas" para evitar cualquier insinuación de su prenda cuando ya eran bien evidente la descarada estampa de la perenne niña de 9 años. Pese a la pacata decisión, TVE representaba una ventana de modernidad en un país atrapado entre la represión y el inmovilismo que empezaba a ser desesperante. Apenas unos meses antes del estreno de Pippi, Adolfo Suárez había dejado la dirección general de RTVE, mientras el ala más dura del régimen, atrincherada en sus posturas autoritarias, se empeñaba en prolongar la sombra de Franco, estuviera este vivo o momificado.

Portada de Pippa Mediaslargas, edición española de 1962
Portada de Pippa Mediaslargas, edición española de 1962

El debut de Pippi llegó en un tiempo de silencios, cuando el entretenimiento en televisión se convertía en un refugio para la imaginación de los escolares de la incipiente EGB.

Pero si la censura en lugar de haberse quedado en el nombre hubiera escrutado con lupa aquella serie sueca de 1968 que llegaba a TVE en 1974 la habría prohibido sin dudarlo: una niña que vive sola, sin reglas ni ataduras, haciendo lo que le viene en gana, sin respetar a los adultos, era una bomba de libertad en un país donde las mujeres, de cualquier edad, estaban acotadas. Pippi, con su aire fresco procedente desde Suecia, se coló en TVE y se transformó en un símbolo para los niños del tardofranquismo. ¿Influyó en la llegada de la democracia? Tal vez no directamente, pero su espíritu indomable sembró semillas de rebeldía entre aquellos niños y jóvenes. Los adultos se dieron en cuenta y la sueca de las trenzas tiesas, que acaba de cumplir 80 años como personaje literario, tenía tantos admiradores entre los mocosos como entre los mayores (y detractores, por supuesto, que el ritmo de los episodios se antojaba de cine de arte y ensayo).

Pippi, junto a sus inseparables amigos, niños en los que se reconocen el resto de niños, Tommy y Anika, desafiaba al mundo con una valentía desbordante, impensable en los personajes femeninos de las ficciones de cine y televisión hasta hace poco. "¿El hombre más fuerte del mundo? No me asusta. Yo soy la niña más fuerte, no lo olvides", soltaba Pippilota Langstump en el segundo episodio, enfrentándose a un forzudo de feria que en los libros es casi un trasunto de los políticos matones. Esa frase, cargada de arrojo, captura la esencia del personaje y el legado de su creadora, Astrid Lindgren.

Inger Nilsson como Pippi Calzaslargas, serie rodada en 1968
Inger Nilsson como Pippi Calzaslargas, serie rodada en 1968

Hija de un pirata que le dejaba un tesoro en monedas de oro, Pippi vivía sola en una casa de cuento, Villa Kuntenbunt, con un caballo y un mono como compañía. Rechazaba a los policías, torpes y represivos, y a los burócratas rígidos que pretendían doblegarla y enviarla a un "hogar infantil". Pippi era ácrata y el tardofranquismo, por fortuna, no lo olió, creyendo que los contenidos infantiles, donde estaba la carga explosiva de la programación de RTVE, eran inofensivos.

La serie, filmada en 1968, llegó tras años de éxito en toda Europa de las novelas, publicadas desde 1945. Lindgren había creado a esta pelirroja de trenza, falda corta y medias bicolores durante la Segunda Guerra Mundial, cuando, en medio del horror, inventaba historias para sus hijos. Todo empezó con un nombre disparatado que su hija le sugirió: "Pippilotta Victualia Rogaldina Shokominsha". De ahí brotó una chispa de genialidad que dio al mundo un ya octogenario personaje capaz de reírse de todo, incluso de sí mismo.

Pippi traía un soplo de libertad nórdica. En sus primeros episodios, emitidos los sábados de sobremesa de 1974 en la Primera Cadena, la presentaron como "Pipa Calzaslargas", hasta que el "Pippi" de los créditos se impuso por lógica. Esa niña que se enfundaba un casco vikingo debutó en el otoño del 74 y un año después, mientras Franco agonizaba, la programación se interrumpía con partes médicos.

Inger Nilsson, 'Pippi Calzaslargas'.
Inger Nilsson, 'Pippi Calzaslargas'.

Juan José Rosón, futuro ministro del Interior con Suárez, dirigía entonces una RTVE que se autocontenía en los informativos y los programas para adultos, pero que gozaba de cierta libertad en los contenidos infantiles. Los niños de aquella generación lo agradecemos aún. El estreno de Pippi Calzaslargas en los estertores del franquismo solo se entiende como un intento de abrir una rendija de aire fresco desde la programación infantil, en una cadena pública que había saboreado un tímido aperturismo mientras la dictadura se endurecía en las calles. La pequeña sueca trajo modernidad a su manera, colándose en España como lo hacían los turistas o futbolistas rupturistas en todos los aspectos como Cruyff.

Pippi fue pionera de tantas heroínas que hoy llenan las pantallas. Creada por la brillante Astrid Lindgren, fallecida en 2002 a los 95 años, esta niña irreverente sigue viva en la memoria. Inger Nilsson, su intérprete, marcó a los niños de los 70 y ha sido redescubierta por nuevas generaciones en reposiciones y plataformas (como YouTube o Filmin).

No hay heroína más audaz, anárquica y libre que esta amiga de Tommy y Anika, azote de los policías bobos, Klin y Klan, que encarnaban una autoridad ridícula, la que se veía por la calle.

Pippi Calzaslargas reinó en las sobremesas de los sábados hasta la primavera de 1975, cuando Heidi, esa niña almibarada de una coproducción germano-japonesa (es decir, aliados históricos de Franco), tomó el relevo. Heidi, una pequeña y bondadosa heroína libre, pero mucho más ingenua, despidió al dictador desde la pantalla antes de que este se instalara en Cuelgamuros, de donde salió décadas después, poco antes de una pandemia.

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