Manoli de los Santos, autora de Carnaval de San Fernando: "Nadie es profeta en su tierra, pero yo me siento muy reconocida"

Entrevista a la presidenta de la peña Los Catavinos

La obra de esta polifacética escritora abarca distintos campos, desde el Carnaval al teatro cómico, de la poesía a la tradición cofrade, de la música folclórica a la litúrgica

Manoli de los Santos, en la peña Los Catavinos de San Fernando.
Manoli de los Santos, en la peña Los Catavinos de San Fernando. / Miguel Gómez

San Fernando/Tradición, folclore y cultura se dan de la mano en la extensa obra de Manoli de los Santos, que atesora una vida como autora de Carnaval muy dilatada. Ya en 1987 escribía a la playa de Camposoto, todavía cerrada para la sociedad isleña. Pero la pregonera de los carnavales de 1994 y Dios Melkart en 2020, también siente un fuerte apego por la devoción cofrade, y uno de sus libros supone un canto a la fe con un poema para cada titular de hermandad isleña. Jubilada tras 41 años trabajando en la mercería Peyma, en pocos días volverá a poner en marcha su cabeza para escribir una nueva obra para otra de sus pasiones: el teatro. Por ahora saborea el éxito de la representación de su último trabajo con el grupo Corral de Comedias de la peña Los Catavinos en la Semana del Teatro Aficionado José María Castañeda que se desarrolla en La Isla estos días.

–¿Cómo ha sido el estreno de la obra, Un pretendiente de altura, en el Teatro de Las Cortes?

–La íbamos a estrenar hace dos años pero con el covid se suspendió una semana antes. Ahora la retomamos y la respuesta del público fue extraordinaria. El teatro estaba lleno y gustó, porque se pusieron de pie y aplaudieron mucho.

–Actúa.

–Siempre me pongo un papel más antipático que el resto, que es más de risa. En esta obra soy la señora de la casa, un nuevo rico que va a la ciudad desde el pueblo después de que le haya tocado la lotería. Nos vamos a un barrio residencial y quiero ser muy fisna pero meto la pata a cada momento. Un mayordomo, un ama de llaves que no lleva llaves... Son 18 actores en el escenario. El final es sorprendente.

–Escribe. ¿Cuánto tarda en escribir una obra?

–Sinceramente, no tardo mucho. Hombre, una obra de hora y media lleva mucho folio. Además, construyo la historia a partir de los participantes. Cuando acaba la temporada pregunto quién quiere salir. Cada vez son más porque ven los resultados. Escribo para los que quieren salir, cada uno con un personaje que le vaya bien a su estilo. El mío es más neutro, o más saborío, y el resto tiene personajes pintorescos, más simpáticos. Hace unos años quisieron salir dos niñas y sus personajes fueron añadidos a una obra ya escrita. Como es mi creación, hago lo que quiero. Era una obra sobre la invasión francesa, No pasó Napoleón, que en su momento contaba con seis personajes y con el éxito que tuvo la fuimos reponiendo con cambios, y llegaron a ser 23 personajes.

"No tardo mucho en escribir una obra. A veces me despierto de noche con una idea y tengo que apuntarla"

–¿No se quedan entonces solo en San Fernando?

–No hemos ido muy lejos, ¡eh! Puerto Real, Chiclana, en el Teatro Moderno; Cádiz, en distintos sitios... No está en mis ambiciones llevarla más allá. En una ocasión una de las chicas que participaba me preguntó si no lo llevábamos a Madrid. Y no, la respuesta es no, solo nos movemos por el entorno, porque quienes la hacen trabajan o tienen familiares a su cargo.

–¿Cómo es su teatro?

–Cómico, de estilo costumbrista casi siempre. En una ocasión planteé al grupo hacer una obra seria, incluso buscar a un autor teatral. Sugerí incluso Fuenteovejuna, y no hubo manera. No accedieron porque decían que la gente se ríe mucho con mis obras y ellos, también. Es verdad que en los ensayos nos hartamos de reír. Cuando les entregué el texto de esta última obra no pudimos ensayar nada. Cada vez que alguno leía una parte de su diálogo reía a carcajadas. El grupo es muy bueno y nos lo pasamos muy bien. Una de las integrantes decía: “Aunque no estrenásemos la obra, nada más que por el tiempo que llevamos ensayando y riéndonos merece la pena”. Este año cuando retomamos los ensayos nos coincidió con el cambio de ubicación de la peña, con la mudanza, con la colocación de todo y ha sido agotador. Algunos venían por la mañana a pintar o poner los cuadros, y por la tarde ensayábamos.

–¿Cuántas obras puede tener?

–Como diez o doce. El retrato, La Cena, El Gordo, No pasó Napoleón... que es la única que hemos repuesto varias veces. Llevo muchos años ya, y solo con el covid dejé de hacer una obra nueva. Ahora ya dentro de nada empiezo a darle vueltas a nuevas ideas. Suelo despertarme en medio de la noche con una idea, y tengo que escribir un apunte. Después planteo una trama y pregunto en la peña quién quiere salir y ya creo la obra para los amigos . Son socios, amigos.

–¿Desde cuándo está el teatro en su vida?

Manoli de los Santos, durante la entrevista
Manoli de los Santos, durante la entrevista / Miguel Gómez

–En el colegio ya rebuscaba a escondidas ropa de mi madre y me la llevaba al colegio para en el recreo hacer una pequeña obra. Ya dirigía. Con la peña me animé para representarlas en la sede. Luego vi que pedía más, porque a quienes venían les gustaba mucho, y decidí sacarlo fuera, era una lástima que se quedara solo para los socios. La Casa de la Cultura y ahora el Teatro de Las Cortes o donde nos llamen, de alguna asociación, allí vamos a representarla. Algunas obras pueden haber estado sobre el escenario seis o siete veces, pero la de No pasó Napoleón no sé en cuántas ocasiones la hemos recuperado en distintos años, normalmente cerca de la conmemoración del 24 de Septiembre. Aunque es cómica –es sobre una mujer que da de comer y llega un momento que ya no tiene nada de comida en casa–, tiene un punto dramático.

–Su obra literaria no se queda ahí.

–Tengo tres libros editados; otro, casi terminado y otro más, esbozado. El primero es un poemario, La lluvia detenida, sobre amor, tiempo y mar. Mi verdadero libro, el primero fue casi podría decir de carambola, es Isla Nazarena. Golpe de fe, está compuesto por un poema para el titular de cada cofradía de La Isla. El último es Intensamente Isla, con poemas y cuentos.

–A eso añade su implicación con el Carnaval.

–Los inicios de que en La Isla me conocieran fueron precisamente con el Carnaval. Desde que se inauguró esta peña con el nombre Amigos del Vino en 1987 e hice dos letras muy sonadas, una reivindicando la playa de Camposoto, que no estaba abierta al público. Luego vino José Baizán y entre los dos hicimos dos o tres agrupaciones familiares. Ya como Los Catavinos, inaugurada en 1991, empecé a escribir con Añino, con un primer año que fue un pelotazo porque con una chirigota infantil ganamos el Premio al Mejor Piropo a La Isla. Eran niños compitiendo con adultos, con coros, comparsas, chirigota. Fue un impulso, y desde entonces durante 25 años seguidos he estado escribiendo o saliendo en Carnaval. Algunos años he llegado a escribir dos o tres agrupaciones, infantil, juvenil y familiar mixta. Hasta casi el final estuve con Añino, y los últimos años ya seguí sola. 'Los paraos de La Isla' fue un segundo premio Fonoy, 'Las niñitas de San Ildefonso' (primer cuarteto juvenil femenino en el Falla) fue un tercer premio, 'Arde Roma' era un cuarteto de adultos. Pero los instrumentistas fallan, me quedé sin bombista y cajista, porque las agrupaciones de Cádiz tiran mucho.

"Sin la cantera, el Carnaval se pierde, que nosotros vamos envejeciendo. Es imprescindible apoyarla"

–Fue la primera mujer pregonera del Carnaval de La Isla. ¿Cómo fue la experiencia?

–Me nombraron pregonera en 1994, aunque no sentó bien a los chirigoteros antiguos. Me pusieron verde, llegaron a decir que si no había hombres para pregonar el Carnaval. Pero yo estoy contenta con lo que hice, fue muy aceptable. Siempre oigo o veo al público, y según su reacción cuando empiezo sé cómo va a ir la cosa. Después de tantos años no me olvidan, el Ayuntamiento tampoco, porque en el último Carnaval antes de la pandemia me nombraron Dios Melkart, para dar el relevo a Juan Rivero, que fue el primero. Tengo que estar agradecida por el reconocimiento. Recuerdo que no tenía voz, que me había quedado afónica.

–¿Esos comentarios contra su nombramiento se repetirían hoy?

–Gracias a dios, no. Después ha habido algunas mujeres más, Paz Santana o Paz Padilla, por ejemplo, y no ha pasado nada. Entonces sí fue un gran revuelo, también cuando me llamaron de Bazán para que encarnara al Rey Melchor, acompañada de Mari Carmen Gómez Baña y Yolanda Reyes. Un escritor me puso verde en el Diario, que si era un mamarracho, y mandé una carta contestándole, sin faltar. Decía que con las barbas, la peluca y las cejas a nosotras no se nos reconocía, pero que a él vestido de María Magdalena o de la Virgen María nadie se lo creería. No me la publicaron, pero la leí en mi programa de radio.

–¿Cómo ha visto el Carnaval de este año?

–No sé ni qué opinar. Ha sido atípico, raro. Aunque los días de Carnaval que hubo en febrero aquí estuvieron muy bien, con mucha gente disfrutando de las actuaciones y en las carpas de las peñas. Ahora también estamos en Carnaval en Cádiz y ha habido algunas cosas en la ciudad, aunque para mí es en febrero.

–¿Qué papel tiene la cantera?

–Cuando inauguramos esta nueva sede la peña Los Catavinos, en Santo Domingo, 10, nos pusimos en contacto con quien lleva el grupo infantil, con Pablo de Rosa, que fue quesero mayor, porque aquí siempre ha tenido su sitio. Cuando empezamos con la peña éramos jóvenes, teníamos niños y hacíamos la chirigota para ellos. Si no hay cantera, el Carnaval se pierde. Vamos envejeciendo. Muchos niños que salieron conmigo siguen hoy en día en comparsas y chirigotas de adultos, con nombre. Es imprescindible apoyarla.

"Hice un poema al Nazareno y me lo publicaron. Ese Jueves Santo me atreví a recitarlo"

–¿Qué salud tienen las peñas?

–Cuando abrimos esta sede, muchos aplaudieron y destacaron que lo hiciéramos cuando otras están cerrando. Con el covid se han borrado muchos socios, el dinero de esas cuotas ya no entra, aunque ahora nos estamos recuperando. Cuando estábamos en Santa Cruz, siempre dije que no haría nada más. Pero algunos seguíamos implicados, juntos desde el principio, y nos enteramos de este local, hicimos números, con lo que cogemos del teatro, del coro y de los carnavales pasados, y hemos conseguido montar esto, porque es un punto de unión entre nosotros. Ahora que se acaba el covid, esperemos que las peñas sigan para adelante.

–Supongo que tiene mucho trabajo, especialmente al frente, como presidenta de Los Catavinos.

–El próximo año cumplo 12 años, tres mandatos, y ya he dicho que es el momento del relevo, que debe entrar otra persona. Yo seguiré colaborando, pero efectivamente es mucho trabajo. No es abrir la peña y ya está, siempre hay que mover muchos papeles, como en esta ocasión para el teatro. La vicepresidenta y el tesorero se implican en el tema de la documentación, pero como representante jurídica de la peña al final muchas cosas dependen de mí. Son muchas horas para estar al día con los temas legales para llevarlo en condiciones.

–Tiene otra vertiente: la cofrade, como bien se ve en su obra publicada.

–La parte cofrade me hizo superarme. Escribí un poema al Nazareno y lo envié al periódico con una carta y me publicaron las dos cosas. Me dio mucha vergüenza, pero el escritor Julián Blasco Moyano me contestó y me alentó. Me dio mucha vida, tanto que en la salida del Nazareno esa Semana Santa me atreví y recité el poema. No era habitual entonces que la gente lo hiciera. A partir de ahí he colaborado en boletines, he sacado canciones para el Gran Poder, que pasaba por delante de la peña; para la Pastora, a la que cantamos con el coro Virgen del Carmen cada 15 de agosto; a la Virgen del Buen Fin; al Nazareno en su aniversario. Con el coro, aparte de alguna rumba en alguna verbena, solemos cantar cosas mías, en muchas bodas. Por ejemplo, vamos al Cerro de los Mártires, porque tengo canciones alusivas a los copatronos, o cantamos a la Virgen de Gallineras. Cantamos una misa escrita por mí, que tiene la aprobación del Obispado.

"Me nombraron en 1994 pregonera del Carnaval, aunque no sentó bien a los chirigoteros antiguos"

–¿Cómo es su proceso de escritura?

–(Se ríe). No tengo tiempo para nada. Si estoy haciendo letras nuevas para el coro o un guion de teatro, de pronto quiero hacer una letra nueva para la Virgen de la Pastora, para no repetirle ese verano la misma canción. No sé decirte cómo lo hago. A veces estoy muy saturada, pero como lo hago por gusto, nadie me obliga, sigo para adelante. Las ideas me vienen de noche y –como ya he dicho– lo apunto y lo dejo en la mesilla de noche; o cojo el móvil y grabo para retomarlo al día siguiente. No me dé una puntilla porque no sé clavarla, pero si me da un ordenador me pongo a escribir.

–¿Qué le dice la familia?

–Mis hijos me alientan, mi marido también. Ayer [no hace ni 24 horas que el grupo Corral de Comedias de la peña Los Catavinos se bajó de las tablas del Teatro de Las Cortes] salió en la obra y también está en el coro, ahora que está más libre. Mi hermano, que se fue hace poco, era un entusiasta y no se perdía una obra. Mis sobrinos también están ahí, en el aspecto moral, y les gusta lo que hago.

–¿Y la gente en general?

–De todo. Esta mañana [el jueves]cuando me he levantado he encendido el móvil que apagué por la representación y tenía casi 80 mensajes. He tenido muchas experiencias bonitas, aunque tendré detractores. Una vez, un autor de Carnaval, El Lejía, me hizo un cuplé en el que me ridiculizaba porque yo escribía Carnaval, pero también tema cofrade. Como yo le dije, no mezclo temas, pero es que además me has dado un nombre. Nadie es profeta en su tierra, pero yo me siento muy reconocida.

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